Los Monumentos Naturales son espacios o elementos de la naturaleza con formaciones de notoria singularidad, rareza o belleza, que merecen ser objeto de una protección especial. En los últimos tiempos se han declarado cuatro Monumentos Naturales en el Maestrazgo.
Nacimiento del Río Pitarque.
El nacimiento del río Pitarque es una gran surgencia kárstica, un punto en el que emerge el agua subterránea recogida en el enorme depósito natural que forman las calizas cretácicas de la Lastra y la Sierra de la Cañada, plegadas en una suave estructura sinclinal.
En su profunda incisión, la Rambla de Mal Burgo ha cortado y hecho aflorar aquí el manto freático, permitiendo la descarga del acuífero y convirtiendo un curso hasta aquí prácticamente seco en un río de caudal apreciable.
Entre el nacimiento y el pueblo de Pitarque, el valle es un paraje frondoso poblado por vegetación ripícola en su fondo y por una singular asociación de rebollos, arces, avellanos, boj, guillomos y rosales silvestres en sus laderas. Todo ello presidido por el vuelo giróvago de la numerosa colonia de buitres que habita en las escarpadas paredes sobre la ermita de la Virgen de la Peña.
Las Grutas de Cristal.
La Cueva de las Graderas o Grutas de Cristal es una preciada joya que la naturaleza ha creado en el subsuelo de Molinos. Consta de dos cavidades principales conectadas entre sí y con el exterior por conductos y pasadizos que salvan desniveles totales de unos 12 metros.
Arriba se abre la Sala de Cristal. Más abajo se encuentra la Sala Marina, en la que cristalizaciones de calcita con apariencia coralina forman un singular decorado de apariencia subacuática.
Las grutas son formas kársticas internas, excavadas por la lenta disolución de la caliza por el agua subterránea. Más tarde, el efecto contrario, es decir, la recristalización del carbonato cálcico disuelto, hace crecer en su interior nuevas masas de calcita en forma de estalactitas y estalagmitas.
Órganos de Montoro
Bajo la presencia majestuosa de inexpugnables cortados, el río Guadalope busca hueco en Villarluengo para atravesar la gran muralla que constituyen los Órganos de Montoro, milagro de la naturaleza y un magnífico ejemplo de la paciente erosión del agua.
Los Órganos de Montoro están formados por una serie de capas paralelas de caliza, procedentes de la consolidación de sedimentos calcáreos depositados en una amplia llanura de marea y pertenecientes a una de las últimas formaciones marinas de la Era Mesozoica. La pared calcárea quedó completamente expuesta a la acción de la lluvia y el agua de escorrentía, que pacientemente fueron labrando multitud de regueros verticales que cada vez se hicieron más profundos.
La abrupta naturaleza es propicia para la cabra montés, que comparte espacio en los cortados con buitres, alimoches o vencejos. Por la calidad de las aguas es fácil encontrar una rica fauna compuesta por truchas, barbos, madrillas y bermejuelas, por lo que es un paraíso de pescadores. En la vegetación, predomina el roquedo pero también las sabinas negras, pinos, enebros y carrascas, además de chopos, saucedas y juncales en la ribera.
El Puente Natural de la Fonseca.
El Puente Natural de la Fonseca lo formó el cauce del río Guadalope y los cortados y relieves calcáreos de los parajes de la Umbría de la Perona y los de Minarete. Se caracteriza por su formación fluviokárstica, un edificio travertínico generado por el río Guadalope que, atravesado por éste, ha originado un túnel por el que actualmente discurre el río.
En su entorno, se encuentran relieves y cortados calcáreos que dan lugar a un paisaje muy peculiar y que albergan poblaciones de especies de flora y fauna, entre las que destaca el águila perdicera, el buitre común, el águila real y el halcón común, y entre la vegetación de ribera, a base de choperas y saucedas, son frecuentes las lavanderas, mirlos y ruiseñores.
Es una zona con vegetación mediterránea, donde las condiciones de humedad generadas por el río Guadalope generan microclimas que favorecen la presencia de especies hidrófilas en las proximidades del cauce.