Las masadas son las construcciones rurales más representativas del Maestrazgo, símbolo de modos de vida tradicionales, de una peculiar forma de explotación agropecuaria del territorio y de la adaptación a las duras condiciones de vida que impone el medio.
La masía, ‘mas’ o masada responde en la mayoría de ocasiones a un dominio rústico de extensión variable, con centro en la casa principal y con espacios diferenciados por su función productiva y por la distancia a la vivienda. Habitualmente tiene como edificios anexos pajares, corrales, cuadras o patios.
Las más antiguas datan de la Edad Media, pues ya la Orden del Temple daba permiso para habitar en “mansos cercanos”. Curiosas son las llamadas ‘torres fortificadas’, muy numerosas en esta zona de frontera. Se localizan en lugares estratégicos para dominar un extenso territorio y poder comunicarse entre ellas.
Pero la gran mayoría se construyeron entre el siglo XIX y principios del XX. En esta época hubo una fuerte presión demográfica y se roturaron numerosas tierras, por lo cual muchas grandes masías se dividieron en ‘masicos’, casas más pequeñas que también contaban con corrales, pajares, pastos, bosque y terreno cultivable.