En el Maestrazgo la arquitectura de piedra seca es un elemento permanente en el paisaje rural de las serranías. Kilómetros de paredes de piedra surcan toda la comarca. La mayor parte de los muros que hoy vemos en las laderas de las montañas son para evitar los deslizamientos de la capa fértil de la tierra y crear franjas escalonadas de superficie cultivable en forma de bancales. Además, resuelven otras necesidades como almacenar la piedra procedente de despedregar los campos (actividad típica del día de Jueves Santo), separar propiedades, o impedir que el ganado entre en los cultivos.
Pero son las casetas de piedra seca las manifestaciones más singulares, particularmente las situadas en el término de la Iglesuela del Cid, construidas sin argamasa y cubiertas con bóveda o falsa cúpula. Se trata de edificaciones sencillas, pero de gran funcionalidad en épocas pasadas, vinculadas a formas de vida basadas en la agricultura y la ganadería, en especial la trashumante.