El paisaje vegetal, propio de la montaña media mediterránea, es rico y variado, matizado por el relieve y la altitud. Las riberas de los ríos se muestran exuberantes y frondosas frente a las parameras calizas en las que vegetan comunidades de carácter más xerofítico, con profusión de plantas aromáticas. En altitudes medias prosperan buenos pinares de laricio alternando con carrascales en las exposiciones más cálidas y quejigares en las exposiciones más húmedas.
El piso superior corresponde, sin embargo, al dominio del pino silvestre con sotobosque de boj y de sabina rastrera. Aquí prospera en otoño el apreciado y codiciado robellón. Extensos pinares, objeto de explotación forestal desde antiguo, alternan con pastos y pastizales que a su vez han sustentado aprovechamientos ganaderos desde tiempo inmemorial, eso si con un fuerte imperativo estacional por imperativos del clima.