
Villarroya fue señorío de la Orden militar de San Juan de Jerusalén, desde 1190 al ser donada por Alfonso II a esta orden, hasta el siglo XIX, formaba parte de la Bailía y Encomienda Hospitalaria de Aliaga Junto con esta población, Fortanete y Pitarque. A finales del siglo XVIII tenía 400 vecinos o familias, ocupadas en las fabricas de cordellates, ligas y bayetas, en la agricultura y el ganado lanar, sobre todo en las masadas. Ya entonces los pinares estaban muy disminuidos. Su casco urbano con un trazado medieval, se reparte entre tres colinas, a ambos márgenes del Guadalope. Toda la villa encierra interés, en cualquier rincón o casa podemos encontrar detalles y elementos que suscitarán nuestra curiosidad, en su mayoría de la segunda mitad del siglo XVI